Por: Lizett Paola Lopez Bajo
Tenía 12 años,
a lo lejos se escuchaban las ametralladoras
unos niños disparándole a otros niños,
nos dijiste que no nos preocupáramos que eso era lejos de ahí.
¡Mentira! Estaba más cerca de lo que imaginábamos.
Dos años más tarde te dispararon a ti.
La abuela quedó llorando.
Dejaste a tus hijas solas.
Yo me quedé sin abuelo.
Fue la última visita al pueblo,
fue el inicio del martirio.
El luto cubrió la vida,
el dolor se convirtió en rencor,
el rencor, inquilino del alma
sustituyó al amor.

Soy docente universitaria especialista en Ciencias Sociales con enfoque en género, movimientos sociales y formación crítica. Activista feminista, aprendiz de fotografía.

