Por: Rossana Rito
Hoy el vacío está lleno, hoy siento paz…
a cambio de ese desgarro que habita
el centro de mi cerebro,
su música y su presencia
desplazan la tristeza que me asedia:
está aquí y la paz se encarna en mi cuerpo.
(Sus sonidos y su bulla y sus cantos
que inundan la casa, la luz y el aire.)
La gatita Rayis duerme en mi pecho.
La acaricio: ronronea…
Si se acicala: la espero…
Vuelven mis dedos al lomo atigrado:
le doy calorcito: se duerme.
Siento el placer de estas cosas chiquitas…
¡la paz seduce a mi ruidosa mente!
¡la paz seduce en mí, ruidosamente!
Esta paz se alimenta de ternura,
de ese polvito que mágico
se alberga en los huecos de lo cotidiano.
Ahora escucho guitarras,
y jaranas, y las arpas;
me arropa el olor a sándalo,
me voy un rato tras el humo…
La gatita topetea
para que yo la siga acariciando.
De algún lado un saxofón brota,
que con voz alegre y profunda
me quiere cantar un son.
Baja silbando Sabina:
Trajín, vaivén y ruiditos
que sonorizan la danza
de sus manos sanadoras,
de sus manos tan creativas,
de sus manos que traen vida.
Palpitas: aún guardas vida mi corazón…

Soy una mujer que reconoce en la escritura una antigua cómplice, camarada y compañera, de la cual me alejé, la abandoné, quizás hasta huí. Hoy deseo un encuentro con ella, sentirla mi amiga otra vez, abrazarla sin miedo, reconocerme en ella para sanar.

