Por: Ángeles Sanlópez
Por mi lóbulo frontal,
por mi nervio óptico,
por mi iris,
por mi cuerpa entera
siento cómo ese misil se eleva al aire.
.
No lo veo caer.
Solo escucho:
cayó en una escuela,
en unos departamentos.
en una iglesia.
en un hospital.
.
Quiero correr a esconderme debajo de la mesa.
Quiero llorar hasta deshacerme.
.
Desde que llegué a este mundo
ha habido guerra.
.
Crecí mirando el horror
a través de una pantalla.
.
Cada imagen encuentra un lugar
en esta cuerpa
que no sabe olvidar.
.
Y yo,
que a veces quiero irme del mundo
para dejar de sentir tanto,
y otras agradezco
que todavía me duela lo que pasa a mi alrededor.
.
No quiero convertirme
en quienes se ríen de la violencia,
en quienes sacan provecho
del sufrimiento ajeno.
.
Las grabaciones en la TV, en reels de Instagram, Facebook y TikTok
muestran:
Cuerpos enfermos.
Cuerpos inmóviles.
Cuerpos a la intemperie.
Cuerpos que alguien espera.
Cuerpos con nombres,
con risas,
con deseos
interrumpidos.
.
Y mi cuerpo,
adolorido
desguanzado
como antes de un resfriado,
se resiste.
Se resiste a acostumbrarse.
Se resiste a consumir la muerte
como si fuera otro video más.
.
Entonces
agarro el brazo de una amiga,
abrazo a David, a mi hermana y hermanos,
a mi madre.
Y por un instante
el misil
todavía
no cae.

Nací el 21 de marzo de 1988 en Chimalhuacán, Estado de México. Soy aprendiz entusiasta, historiadora, escritora, editora, tallerista y candidata a doctora. He publicado cuentos, relatos y textos académicos en medios digitales e impresos. Con «El llamado» obtuve una mención honorífica en el XXXIX Premio Nacional de Cuento Fantástico y de Ciencia Ficción (2023). Tengo experiencia en la coordinación de proyectos colaborativos digitales y actualmente co-coordino Especulativas y soy fundadora de Histórikas, espacios en los que organizo círculos de lectura,
cursos y talleres. Escribo por gusto, placer y necesidad.

