Por: Karla Itzel Vazquez Molina

Convertirme en lectora no fue algo repentino ni una decisión que yo tomé de manera consciente, más bien, con el paso del tiempo fue despertando mi interés por la lectura y los libros, especialmente los que están llenos de historia y conocimientos sorprendentes, como la filosofía.

Hoy la lectura forma parte de mí y no solo es una actividad académica en mi vida diaria, sino es una forma de entender el mundo y adquirir nuevos conocimientos.

Aprendí a leer a los 5 años en casa como la mayoría de las personas. Me gradué del kínder ya sabiendo leer. Recuerdo que aprendí a leer con mis padres, quienes me ponían a estudiar el abecedario para después aprender a leer, mamá decía que yo aprendía rápido, así que no fue difícil que yo aprendiera a leer antes de entrar a la primaria. Recuerdo que para mí era aburrido que me tuvieran leyendo horas hasta no equivocarme y si me equivocaba lo volvía a intentar, era estresante para mí solo ver letras y no entender nada. Leer era algo que yo no disfrutaba, sino una obligación y una tarea que yo debía cumplir.

Con el paso del tiempo esas letras que tanto me aburrían comenzaron a ser interesantes al prestar atención a lo que trataba cada historia que yo me leía y despertaban más mi curiosidad. En ese momento leer para mi dejó de ser una obligación y la vi como una puerta a otros mundos.

No tengo memoria para recordar el primer libro que leí mientras aprendía a leer, pero si recuerdo un libro que leía muchísimo en primaria, Anne Frank, no importaba cuantas veces la leyera, para mí era interesante. Aquel libro se encontraba en la escuela y durante el receso solía leerlo, no recuerdo si tenía ilustraciones. Cada vez que terminaba el libro sentía satisfacción, aunque ya supiera el final, para mí el final de ese libro era triste. Ahí entendí que los libros podían contar historias capaces de atraparme e imaginarme escenarios que no estaban frente a mí conforme se contaba la historia. Desde ese momento, la lectura comenzó a adquirir un significado distinto.

Conforme crecí, creo que los libros que leía fueron cambiando, pase de cuentos a historias que abordaban temas más profundos. Cada libro que leía dejo una huella distinta en mí.

Algunos libros me hicieron reflexionar, otros me enseñaron conocimientos y algunos simplemente me acompañaron en mis momentos más tristes. Leer se volvió un espacio seguro, cuando no estaba bien, cuando necesitaba distraerme, pensar o escapar un poco de mi realidad.

Lo que siento al leer no lo puedo describir con exactitud, pero solo puedo estar concentrada cuando leo, cada libro me hace sentir emociones distintas. En algunos casos enojo, tristeza por los personajes y en algunos casos me he identificado con algunos de ellos y en otras ocasiones, la lectura me permite conocer realidades muy distintas a la mía. Y amplía mi forma de pensar y ver el mundo.

Muchas personas leen solo por obligación escolar y he escuchado que consideran leer como algo aburrido o innecesario, hablar de libros no siempre le genera interés a los demás, pues desde mi punto de vista, leer no es algo que se valore demasiado, pero aun así sigo leyendo, porque leer ha reforzado mis conocimientos. A mí me encanta aprender datos interesantes y he entendido que leer es decisión personal de cada uno, y para mí me aporta mucho.

A los 13 años comencé a mostrar un gran interés por las mangas, en donde ilustraban historias que me encantaban. Ahí, comencé a disfrutar leer, ¡porque tenían ilustraciones! Eso lo hacía más interesante, podía pasar horas leyendo un manga entretenido. Mi primer manga fue de un anime llamado “Ataque a los titanes”, de verdad ese manga me tuvo tan entretenida, porque lo vi desde un enfoque muy filosófico, ya que el protagonista soñaba con la “verdadera” libertad. Al final, deja un vacío reflexivo pensar sobre la guerra y el costo de ser humano.

Convertirme en lectora también ha influido en mi manera de ver la vida. A través de los libros he aprendido que no existe una sola verdad, que cada persona vive su propia historia y que las experiencias humanas son diversas y complejas. La lectura me ha ayudado a desarrollar empatía, a entender mejor a los demás y a reflexionar sobre mis propias decisiones.
La lectura me ha enseñado a observar, a cuestionar y a imaginar. Me ha acompañado en distintas etapas y ha estado presente tanto en momentos tranquilos como en aquellos en los que necesitaba refugio. Por eso, más que un hábito, leer se ha convertido en una parte de quien soy y de cómo enfrento la realidad.

Hoy entiendo que ser lectora no significa leer muchos libros ni hacerlo todo el tiempo, sino encontrar en la lectura un lugar propio. En un contexto donde leer por placer no es algo común, elegir hacerlo se ha vuelto un acto personal y significativo. Cada libro que leo deja una marca, aunque sea pequeña en la forma en que veo la vida.

Karla Itzel Vazquez Molina, tiene 16 años es una lectora en formación, actualmente estudia el tercer semestre de preparatoria. Encuentra en la lectura una forma de entender el mundo, de reflexión personal, de aprendizaje, y acompañamiento. Disfruta de muchas obras literarias. A través de los libros ha desarrollado una mirada crítica y sensible frente a su entorno. Este texto describe como la lectura forma parte de su experiencia como lectora y de su proceso de acercamiento a la lectura por placer.