Por: Mariana Natalia Villa
Una vez, la lectura me trasladó a otros mundos. Observé mi entorno, allí descubrí la importancia de leer el mundo y cómo las mujeres de mi hogar han leído su mundo. Hablamos del linaje de mujeres que, a lo largo de mi historia, son lectoras del mundo, de su vida, de su cotidiano y del que hacer como madres, hijas, hermanas y abuelas. Nadie sabe de qué tipo de lectoras estamos hablando porque son varias las formas de ser lectoras, no hay una, pero sí sabes quién y cuándo hemos iniciado como lectoras en la familia, en la escuela o con amigas y amigos.
A lo largo de mi vida he descubierto cómo construí y construyo el oficio de ser lectora de la palabra, de los objetos, de imágenes, de los sentimientos, de los paisajes y de los aromas, porque según el contexto, la experiencia me permite leer el mundo que precede a la lectura de la palabra escrita y esa experiencia me permite escribir estas líneas.
Es difícil tomar distancia para comentar la experiencia del acto de leer porque en el llamado hogar familiar, en mi casa, una persona que tuvo libros y leía uno, en su habitación, salía con alegría, cuestionadora de lo que ha leído y con muchos interrogantes según comprendí por sus expresiones faciales. Pero yo ya sabía leer mi entorno, los roles y las tareas domésticas de cada una de nosotras, mis actividades, ahora quería leer eso, aquello que se encontraba en algo llamado libro que ocasionada diferentes emociones. Así, con más años cumplidos y en una etapa a la que todos llamamos “adolescencia” sentí que los libros fueron un escape a la realidad porque el contexto social, económico y educativo del año 2000 en argentina no fueron los mejores, por eso, el libro fue el arma más poderosa de la juventud. Recuerdo que mi mayor satisfacción de ir a la escuela secundaria fue la compra de libros nuevos o usados solicitados por una profesora exigente y muy top para un colegio público y periférico. Ella con todo el entusiasmo de que el grupo de estudiantes con diferentes situaciones sociales lean… y lean. En esos tiempos, El Quijote de la Mancha, El Conde Lucanor , El Cid de las Niñas y Prohibido Suicidarse en primavera, Galeano, Ernesto Sábato y El juguete rabioso de Roberto Arlt entre otros fueron parte de mis lecturas compartidas y solitarias, además de la música, el rock y la cumbia del momento, las formas de vestir, las mochilas que llevaba un estampado de tu banda de rock del momento y las formas de encontrarse en las plazas fueron las formas de habitar lo cotidiano y son parte de mi experiencia lectora.
El paso por la universidad me contacto con mi historia, miramos nuestro pasado, nuestro contexto y las formas en las que nos relacionamos con la idea de ser lectora en la universidad, es decir, en hacer ese pasaje de la escuela y de la familia —mi primera experiencia con las lecturas del mundo— a la universidad. En este trayecto viví cómo otras compañeras que iniciaban la carrera de Letras eran veloces al leer, a recitar e incluso a medir cuantas lecturas hemos realizado… Comenzaba los juegos de las lecturas o quizás del capital cultural…
En este nuevo mundo, académico, su cultura está mediada por las formas de leer, escribir y hablar. Aquí con tus formas de leer también encontrás a tus amigas y amigos —tus pares—. No son solo lecturas de críticas literarias o estudio de la gramática; nosotras leemos, compartimos mates, experiencias, reflexiones, escrituras y uno que otro poema de tu compañera y compañero poeta.
Habitan las lecturas académicas “ponencias” “parciales” “trabajos prácticos”, las lecturas obligatorias que son fundamentales para la formación, pero están esas “otras lecturas” de las poesías en los bares, las lecturas del marxismo, de Rodolfo Kusch, la música de Silvio Rodríguez, de León Gieco, de Violeta Parra y de la Negra Sosa y de algunos textos de los clásicos GRIEGOS, las autoras argentinas como Alejandra Pizarnik, Victoria Ocampo… En esta entrama, me encontré con las lecturas de las palabras, en textos impresos, en multimedia, en las prácticas cotidianas de ser estudiante y profesional en la carrera de Letras, siempre en contactos con otras lectoras noveles y no tan noveles, que fueron tejiendo y destejiendo, una y otra vez mi experiencia lectora porque la lectura es compartida, no es única, puede ser solitaria, puede ser la lectura de la palabra propiamente dicha, de nuestro entorno, la no lectura también son formas de leer los silencios… Pero la lectura es colectiva, es social porque ese oficio de ser lectora se teje con el tiempo y con Otras.

Prof. en Letras. Apasionada en la enseñanza de la lectura y la escritura en el ámbito universitario y en otros contextos. Investigadora sobre temáticas de trayectoria e Ingreso a los estudios superiores. Participó en la gestión y coordinación de talleres que fusionan de manera estratégica la escritura académica con la escritura creativa.

